Por Carmen Cruz, Ana I. Hernández y José Antón. Equipo del Área de Empresa y Organizaciones del Instituto Europeo de Innovación en Inteligencia Emocional.

Imaginemos a una pobre gacela atada a un árbol mientras un enorme tigre pasea a unos metros de ella. No puede huir ni luchar, está absolutamente estática, como petrificada, atenazada por el miedo. Su parálisis exterior contrasta con la gran agitación interna que seguramente está sintiendo. Por su sangre corren torrentes de hormonas que hacen latir su corazón aceleradamente, tensan sus músculos y elevan su presión arterial. Su atención está centrada en una sola cosa: la amenaza.

Como esta gacela se sienten muchas personas en los tiempos difíciles que nos está tocando vivir, donde tenemos las amenazas muy presentes: el contagio, la enfermedad nuestra o de nuestros seres queridos, la crisis económica, la transformación de nuestros hábitos sociales, la “nueva normalidad”… Estamos alerta. Centrarnos en la amenaza es un mecanismo de auto-protección que evolutivamente hablando, está en nuestros genes desde hace miles de años.

Volvamos a nuestra indefensa gacela, si el tigre se alejara de ella y saliera de su campo visual y olfativo, probablemente a los pocos minutos se relajaría y se pondría a comer.

¿Os imagináis una persona en esa situación? Difícilmente comería y estaría relajada al poco tiempo de haber estado expuesta al riesgo de que se la coma un tigre.

Esto es porque tenemos un cerebro más evolucionado, que nos permite funciones cognitivas superiores de pensamiento y razonamiento. Podemos seguir centrados en la amenaza, aunque esta ya no esté presente. Sigue estando en nuestro pensamiento, enfocando nuestra atención y teniendo en nosotros un gran impacto a nivel emocional.

Nuestro cerebro ha evolucionado de forma que los estímulos amenazantes tengan gran peso en nosotros, ya que esto es bueno para asegurar la supervivencia.

En contrapartida este “más vale prevenir” de nuestro modo de funcionar muchas veces nos origina un sufrimiento extra: Anticipamos amenazas futuras (que puede o no que ocurran) y recordamos sesgadamente lo más negativo del pasado, obviando los hechos positivos. También tenemos tendencia a interpretar hechos neutros como amenazantes. Tenemos un sesgo hacia la negatividad.

Anticipamos amenazas futuras (que puede o no que ocurran) y recordamos sesgadamente lo más negativo del pasado, obviando los hechos positivos

Facilitar a la persona un proceso en el que pueda explorar sus alternativas, maximizar sus recursos y tomar decisiones es una de las funciones principales que asumimos en el Instituto de Inteligencia Emocional en nuestros acompañamientos de coaching.

En el caso de Javier, necesitaba equilibrar el sistema centrado en la amenaza. La amenaza es muy real, sin duda, pero necesitamos dar un paso atrás de ella para poder tomar perspectiva y observar la realidad con objetividad. Sólo desde la calma sería capaz de explorar sus alternativas, ya que ahora mismo sencillamente estaba tan centrado en la amenaza que era incapaz de ver nada más. Sólo veía al enorme tigre.

El poder del tigre es muy grande, ya que está bloqueando lo que Paul Gilbert, psicólogo evolutivo muy influyente en la corriente de terapias de tercera generación (1993), llama el sistema de activación de búsqueda de incentivos y recursos. Este es el sistema emocional que nos activa y nos impulsa a lograr metas. Nos guía hacia objetivos vitales importantes. Los bloqueos a nuestras metas vitales disparan el sistema de amenaza y originan respuestas de ansiedad o frustración e ira. Javier necesitaba desbloquear este sistema para poder encontrar una salida a esta situación de crisis.

El tercer sistema con el que contamos los seres humanos, capaz de equilibrar a los otros dos y proporcionar la calma desde la que poder pensar, explorar y actuar, es el que Gilbert llama el sistema de confortamiento, satisfacción y seguridad. Este sistema se centra en la seguridad entendida no como simple protección ante la amenaza, sino como un sentimiento de confianza y tranquilidad que te permite estar en paz contigo mismo y con la realidad que te rodea, con una atención relajada y con capacidad de exploración (Gilbert, 1993). La seguridad no implica un bajo nivel de actividad, cuando nos sentimos seguros, podemos estar igualmente activos y con energía.

El trabajo de coaching con Javier se centró en activar este sistema, empezando por la forma de establecer el marco de trabajo y la relación de coaching.

Es nuestro objetivo en el Instituto de Inteligencia Emocional ser base segura para nuestros clientes, acompañándolos desde una relación auténtica y cuidadosa. Nos comprometemos con respetar la seguridad psicológica de nuestros clientes, sin poner en riesgo su vulnerabilidad ya que somos conscientes de que trabajamos con el material más sensible que existe, las emociones humanas. Por eso nuestro trabajo se apoya en evidencias científicas y en nuestro compromiso de responsabilidad,  calidez, autenticidad, coherencia y fiabilidad.

Así el sistema de satisfacción y seguridad se activa en la propia relación de coaching, y también es uno de los objetivos de trabajo, para que el cliente pueda aprender a generarla y a equilibrarse. Se trabaja en función de las necesidades de cada persona, con estrategias psicológicas que potencian las fortalezas y recursos propios del cliente, que amplían su capacidad de exploración y gana equilibrio y confianza.

En el caso de Javier, las sesiones de coaching incluyeron ejercicios, visualizaciones y dinámicas que  le permitieron  encontrar un descanso a su sobreexcitado sistema de protección frente a la amenaza y conectar con sentimientos de fortaleza y seguridad desde los que puedo pensar con otra perspectiva y ser más flexible, activando recursos que antes no veía y pudiendo establecer una estrategia de afrontamiento viable y alineada con sus valores.

La seguridad es la que permite la conducta de exploración, imprescindible cuando nos enfrentamos a cambios, la toma de perspectiva y la flexibilidad para adaptarnos.

Javier encontró la fuerza para retomar un plan de emprendimiento que tenía aparcado hace tiempo, mientras trabajaba a tiempo parcial en un negocio de su familia, opciones que antes no veía por su estado de bloqueo.

La seguridad es la que permite la conducta de exploración, imprescindible cuando nos enfrentamos a cambios, la toma de perspectiva y la flexibilidad para adaptarnos.

El tigre es real, pero la cuerda que nos ata al árbol, a veces, la anudamos nosotros.

¿Te atreves a soltarla?

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REFERENCIAS

Gilbert, P. ( 2018). “La mente compasiva”.  Editorial Eleftheria.